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Archive for 26 febrero 2010

No deja de sorprenderme este país. A uno le entran ganas de entrar en un irrevocable exilio interior.

Hace unos días, Andrés lanzó un par de tweets que dejan a las claras el concepto de transparencia que maneja una parte de nuestra clase política.

En primer lugar, el Ayuntamiento de Madrid inventa la transparencia con el carnet en los dientes. Libera datos y los deja reutilizar, pero para ello previamente ha de estarse perfectamente identificado por lo que pueda pasar. Y no porque se vaya a cobrar, en cuyo caso sería comprensible, sino sólo por molestar. Todo ello está conforme con la legalidad definida por la ley 37/2007, pero no parece que sea una práctica iluminada por la simplificación administrativa o reducción de cargas. Tampoco existe excesiva información sobre a qué datos se puede acceder. Es decir, también se inventa la transparencia por adivinación.

En segundo lugar, nuestra inefable Casa Real. La monarquía nos inventa la transparencia interna tras inventar la transparencia limitada. Primero, el amago de transparencia de la agenda real, matizada con “A partir de ahora vamos a informar de algunas de las actividades y reuniones del Rey, pero siempre lo haremos a posteriori y con el consentimiento de las personas afectadas”. Después aclarando que esa transparencia no afectaría a los datos financieros ya que el presupuesto de la Casa Real “Es una cantidad absolutamente ridícula si la comparamos con el conjunto de los Presupuestos Generales del Estado”. Para terminar presumiendo que “Hay una absoluta transparencia interna de las cuentas de la Casa Real”. Eso de la transparencia interna me suena a fuego acuático o luminosa oscuridad. Debe tratarse de un alarde lírico.

En resumen, transparencia interna, limitada y con el carnet en los dientes. P.ues nada, ahora si que sabemos que opinan algunos del Gobierno Abierto

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La coyuntura económica sin fin en que nos encontramos, impulsa la colaboración de las Administraciones Públicas con terceros para abordar la resolución de los problemas públicos. Quizás la vía ha sido menos explorada de lo que uno presumía hace ya un tiempo en el ámbito del del Gobierno Electrónico en España en alguna de sus modalidades.

Simplificando, existen tres modalidades posibles de colaboración: Público-Privada, Público-Público, Público-Sociedad.

La mejor perfilada de todos las enumeradas es la colaboración Público-Privada, definida en el artículo 11 de la Ley de Contratos del Sector Público (Ley 30/2007). Este tipo de contratos se materializan posteriormente a través de los procedimientos negociado o de diálogo competitivo. El que estén adecuadamente perfilados, no impide que hayan sido poco utilizados en los asuntos de Gobierno Electrónico, al menos no tanto como por ejemplo en Italia. Un primer caso es “Rete Amichi”, para la provisión de servicios a través de redes de oficinas de terceros apoyándose en los medios electrónicos, servicios bien de carácter general o específico del ámbito de interés del socio. Otra acción es “Smart Services Cooperation Lab”, un centro de competencia destinado al desarrollo de servicios públicos innovadores en cooperación con actores privados como Telecom Italia.

La colaboración Público-Público es por el contrario más utilizada. Los convenios entre Administraciones Públicas de nuestro país para la prestación de servicios e infraestructuras tienen una larga tradición, y el modelo ha sido extrapolado a los servicios habilitadores del Gobierno Electrónico (e.g. el caso de los servicios prestados por el Ministerio de Presidencia) o a construcción de infraestructura tecnológica común para municipios por las Diputaciones Provinciales. También en el ámbito de los servicios específicos ha habido alguna iniciativa. Un ejemplo de ello es la Plataforma de Contratación Electrónica del Consorcio de Ayuntamientos Catalanes por la Sociedad de la Información. Queda quizás el paso más difícil, colaborar en procesos comunes mediante Agencias comunes creadas alrededor de las TIC. Aunque ello es quizás un puente demasiado lejano.

Y donde aún apenas hemos echado a andar es en la colaboración Público-Social. Aún no hemos visto por estos lares muchas iniciativas del tipo “Show us a Better Way” o “Apps for democracy” (personalmente no conozco ninguna), que llamen a la fuerza innovadora de la sociedad en el desarrollo de servicios.  Es de suponer que empezarán a arrancar junto con las primeras iniciativas de apertura de datos públicos en formato reusable , como la del Gobierno del País Vasco. No obstante, es difícil tener claro si existe el marco legal para ello y ello quizás haya sido el obstáculo hasta ahora (¿contrato público?, ¿subvención?).

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El deporte del pin-pam-pum al funcionario se extiende. Ya no sólo es “Expansión”.

Apenas hace unos días, “El País” publicaba lo que llamaba un Reportaje sobre la Función Pública. El título era “Fijo para siempre, ¿pero inamovible?”. Coincido en el fondo de la necesidad de reformar la Función Pública que transmitía, pero no en muchos de los argumentos que utlizaba. En algún caso manifiestamente orientados a manipular la creación de una opinión ecuánime sobre el tema (por ejemplo, manejando a su antojo en unas ocasiones datos relativos a empleados públicos y en otra a funcionarios).

Estaba preparando un post para rebatir algunos de los argumentos, cuando la difusión por Netoraton del magnífico artículo del profesor Navarro lo ha hecho innecesario. Me ha venido sin embargo a la cabeza otro trabajo del mismo autor, el libro “El Subdesarrollo Social en España”, altamente recomendable. La tesis del profesor Navarro en ese libro que leí hace unos meses se resume en dos puntos:

  • España estaba convergiendo socialmente con Europa hasta el año 1992
  • La firma del Tratado de Mastrich supuso la renuncia a la convergencia social y su sustitución por la convergencia fiscal

Todo ello, al igual que en el artículo referenciado por Netoraton, lo ilustraba con una profusión de datos estadísticos irrebatibles. En esos datos apoyaba también la teoría de que un Estado próspero y competitivo, no debía seguir el modelo alemán o británico de reducción progresiva del Estado del Bienestar, sino el modelo Sueco que avanza en un sentido contrario.

España se ha equivocado. Pero su error no ha sido el que preconizan los teóricos del neoliberalismo de una supuesta (y falsa) ampliación excesiva del tamaño del Estado, sino no haberlo ampliado lo necesario. Nos hemos dejado llevar por espejismos economicistas, pero no sólo nosotros. Toda Europa se ha dejado arrastrar en esa dirección. Hemos dejado imponerse a la Europa de los Mercaderes sacrificando la Europa Política, y sin una Europa Política no disponemos de los mecanismos de solidaridad que permitan la subsistencia de la zona Euro. No lo digo yo, lo dice un señor llamado Krugman. Estamos pagando una unión monetaria precipitada. Estamos pagando haber extraviado la ruta política que fue posible en 1989 deslumbrados por el becerro de oro.

Es curiosa que esta visión alternativa de la crisis tenga tan poca acogida. Tras un año de simulación los mercaderes vuelven al ataque. Han salvado sus trastos y ahora corren a morder a la mano que les dió de comer. El ataque a los funcionarios no es un ataque contra unos “vagos” redomados que no se merecen tener un puesto de trabajo “de por vida”, es parte de un ataque contra el Estado del Bienestar, contra la solidaridad con los que pasan dificultades y un llamamiento al salvese quien pueda. Si el objetivo fuera  dar ideas para la reforma de la función pública y del papel del Estado, el artículo hubiera hablado de otras cosas, hubiera hablado, por ejemplo, del efecto transformador de las TIC y la necesidad de redoblar los esfuerzos para incorporarlas. Pero de eso no se habla, las menciones a las TIC son colaterales y sin sustancia.

Estos ataques de cortina de humo al funcionariado, no deja de ser una parte más de la política de expansión del pensamiento único.

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El Gobierno Electrónico no deja de ser un producto y, como tal, deben existir estrategias que fomenten su implantación y uso más allá de las campañas publicitarias y anuncios de prensa. Una interesante referencia para entender los mecanismos sociales permiten la difusión de ideas productos y comportamientos es el libro “ The tipping point: How little things can make a big difference” de Malcom Gladwell. Es un libro ya antiguo, pero al que me he aproximado por primera vez recientemente. Aconsejo su lectura a cualquiera bajo la óptica de cómo se aplicaría a los productos o ideas con los que trabaje de modo habitual.

Gladwell parte de la base que todo producto o idea se expande bajo las reglas de las epidemias. Existen unos agentes propagadores, un virus que propagar y un entorno en que se difunde. Ninguno de estos tres componentes es definitivo de por sí, aunque puede serlo, y la máxima efectividad de una epidemia se alcanza optimizando los tres a un mismo tiempo.

Gladwell identifica tres componentes claves para alcanzar el éxito en la difusión de un mensaje:

  • Ley de unos pocos, identificando tres tipos de individuos como críticos en la difusión de un mensaje: Conectores (puentes entre círculos sociales), Mavens (término yiddish para brokers desinteresados de información) y Vendedores (los que persuaden de la bondad del mensaje). Si bien ambos tipos pueden fusionarse en una sóla persona, el autor los mantiene acertadamente como diferenciados.
  • Factor de aceptación, que identifica con aquel empaquetado del mensaje que hace que éste arraigue en una massa crítica de personas.
  • Poder del contexto, las condiciones de entorno que en un momento dado favorecen el éxito del mensaje

Supongo existen muchas posibles extrapolaciones al caso del Gobierno Electrónico.  Comenzando con la Ley de unos Pocos, podríamos identificar conectores y mavens tanto con empleados públicos como con elementos de prestigio en colectivos sociales, pudiendo jugar ambos al mismo tiempo ambos roles. Campañas específicas de difusión entre estos actores del Gobierno Electrónico sería un primer factor clave para su implantación, jugando un papel de multiplexores y amplificadores del mensaje, a través de medios presenciales o redes sociales.  Los vendedores habrían de ser los máximos responsables políticos, existe sin embargo un nivel de implicación mejorable en este aspecto. Algún caso de máximo responsable político implicado se puede señalar (e.g. el actual Ministro de Justicia y el Registro Civil Electrónico), pero harían falta más mensajes relacionados con el Gobierno Electrónico en las primeras páginas de los periódicos.

El aumento del factor de aceptación del  Gobierno Electrónico iría de la mano de cambios en su presentación.  Una mayor adaptación de los servicios transaccionales a las necesidades de uso de los ciudadanos y empresas basado en empaquetado por eventos vitales y servicios de información reempaquetables apoyándose en formatos M2M (Machine-to-Machine).

Y finalmente el poder del contexto. Gladwell defiende aquí los pequeños cambios de contexto y el poder multiplicador del grupo. De la mano de conectores y mavens propios de colectivos sociales, ejecutar la difusión dentro de cada colectivo social y el diseño adaptado a sus necesidades.  Otra posible acción es llevar los servicios electrónicos allí dónde se necesitan, al contexto dónde son necesarios. Un ejemplo sería dotación de terminales desatendidos preparados para ser utilizados con el DNI-e y   dónde se presentaran los servicios propios de ese entorno (e.g. servicios de educación en colegios y universidades).

Son simples pinceladas para la mayor difusión del Gobierno Electrónico surgidas de una lectura de Malcom Gladwell. Más son posibles.

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Ayer se publicó en el BOE las bases de los premios Tecnimap 2010, y, con ello, se inicia la cuenta atrás de la undécima edición del evento. En esta ocasión, los organizadores han apostado por unas jornadas con una estructuración en líneas temáticas más claras que en anteriores ediciones, y que se inspiran  vagamente en las prioridades establecidas en la Declaración Ministerial de Malmö.

Haciendo gala a su lema, el evento parece que pretende ser más abierto y participativo. Así parece indicarlo la incorporación de medios sociales para la difusión del evento. El alineamiento con las tendencias actuales del avance hacia una Administración Abierta queda también plasmado en el programa provisional, donde se ha incluido un seminario de doble duración dedicado a los medios sociales en las AAPP y otro orientado a las experiencias de colaboración público-privado.

Finalmente, la apuesta europea se materializa también en un panel dedicado al Programa ISA de la Comisión Europea.

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Entre las muchas definiciones de Gobierno 2.0, una de mis favoritas es la dada por Gartner hace ya unos meses.

The use of IT to socialize and commoditize government services, processes and data.

En ella se aunan lo que, para mi, son las dos claves del Gobierno 2.0. De un  lado,  la tecnología como habilitadora de la colaboración. De otro lado, la  co-producción de servicios como objetivo de esa colaboración.

Sobre la tecnología como habilitadora de la colaboración, es sencillo encontrar múltiples referencias. Los medios sociales han alcanzado la ubicuidad dentro de nuestras relaciones y como herramienta de auto-organización. Libros, bitácoras, artículos, … uno puede encontrar cualquier información al respecto con el nivel de detalle que necesite.

No sucede los mismo al respecto de la co-producción, es por ello que creo conviene difundir referencias como “The Challenge of Co-Production”.  El artículo (largo) es un magnífico desarrollo de qué es la co-producción y sus ventajas, al que quizás sólo le falte el detalle de cómo aplicarla. El planteamiento de partida es la co-producción como una evolución del modelo de prestación de servicios en la sociedad del bienestar resultado del aprendizaje de los errores cometidos en la implantación del modelo de nueva gestión pública. Se trata de crear una sociedad más equitativa atacando las causas de la desigualdad sobre la base de un nuevo modelo en las relaciones entre gobierno y ciudadano.

Las implicaciones de la co-producción como eje del desarrollo de los servicios prestados por las Administraciones Públicas, queda clara en la definición que aparece en el aludido artículo.

Co-production means delivering public services in an equal and reciprocal relationship between professionals, people using services, their families and their neighbours. Where activities are co-produced in this way, both services and neighbourhoods become far more effective agents of change.

La co-producción conlleva la transformación de la Administración mediante el establecimiento de una relación de partenariado con la sociedad, dando lugar a servicios más sostenibles al apoyarse en la ciudadanía como fuente inagotable de recursos. Se trata, pués, de una nueva vía frente al exceso de optimización basada en la pura eficiencia y la mejora de servicios apoyada en un utópico crecimiento económico indefinido.

Faltan las metodologías que nos sirvan para poner sistemáticamente en marcha la co-producción como herramienta habitual de trabajo.  Ello sólo podrá ser el resultado de ir aprendiendo de experiencias. Uno de ellos es la Red Trabaj@.  Y sobre todo, como dice Seth Godin, aprender de equivocarnos continuamente.

The problem is that you can’t have good ideas unless you’re willing to generate a lot of bad ones.

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