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Archive for 26 febrero 2009

crisis.

(Del lat. crisis, y este del gr. κρίσις).

2. f. Mutación importante en el desarrollo de otros procesos, ya de orden físico, ya históricos o espirituales.

De todos los significados de la palabra crisis presentes en el diccionario de la Real Academía Española, me quedo con la encabeza esta entrada. Más que la gravedad del desastre financiero al que nos han llevado los aprendices de brujo, esta epoca será recordada como una época de cambio, como la era de mutación en que descubramos el real potencial de las TIC. No es que antes no lo supiéramos, sino que será ahora cuando nos veamos obligados a explotarlo hasta sus últimas consecuencias.

Echemos un vistazo a la celebración de eventos. Hace unos meses se produjo la discontinuidad en una feria de tanta solera como el SIMO. Hace unos días me llegaron rumores de un posible replanteamiento de Securmática, aunque parece que seguirá con su tradicional formato. La necesidad de ajustar presupuestos obliga a cambios apoyados en las TIC a quienes son actores y receptores de los eventos. Fabricantes e integradores parecen dar por agotada esta fórmula de publicitarse y dar a conocer sus soluciones en favor de la más barata y reusable difusión a través de Internet. De modo dual,  las empresas de quienes atendían buscan en la teleformación un modo más económico y de más alcance para que sus empleados se mantengan en contacto con la actualidad.

La Administración Abierta, valga la redundancia, se abre camino. Hace ya mucho que hablamos aquí de la crisis como una oportunidad para aumentar la colaboración público-privada, y en diversas ocasiones hemos defendido las virtudes  de los intermediarios físicos y electrónicos en los servicios públicos. Difícilmente ninguna de ellas se abriría paso sin la tormenta perfecta causada por la crisis y un uso intensivo de las TIC.

Las relaciones laborales también cambiarán. Y parte del cambio necesario sólo será posible con el teletrabajo y la videoconferencia. Del primero, hace poco que dialogamos. El segundo aporta más que la reducción de emisiones de CO2, ya de por sí suficiente motivo. El informe “Saving de climate @ the speed of light” de ETNO-WWF estima que sel 20 % de los viajes de negocio en la Unión Europea fuera substituido por la comunicación de vídeo, se ahorrarían 22,3 millones de toneladas de CO2 por año. ¿Pero cuál sería ahorro en gastos de viaje, comida y hotel de los empleados que desplazan las empresas? Nos puede dar una idea que solo uno un par de días no les cuesta a las empresas menos de 1500 Euros de gastos adicionales.

Son muchos los campos dónde van a entrar aún más a saco la TIC. No hemos pasado ni tan siquiera por su papel en una más barata difusión del conocimiento o su afortundao papel en la revolución de la Propiedad Intelectual. Creemos que las TIC nos han cambiado la vida, pero la presente crisis va a ser cuando de verdad empiece a ser atendido y extendido su potencial a toda la vida cotidiana.


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Hace unos días, la red ardía ante la decisión de Facebook de quedarse para siempre con los contenidos de sus usuarios. Un sútil cambio en los términos de servicio hacia que todo aquel que colgase allí sus contenidos convistiera graciosamente a Facebook en heredero anticipado de su propiedad digital. El gigante reculo ante el clamor de sus usuarios, pero la polémica sobre el significado del movimiento quedó abierto, y ha habido algún excelente análisis sobre los contenidos en redes sociales y su uso como el de Soitú.

Casi al mismo tiempo me enteré que, como diría Gabi, en una demostración de que “si se puede” la Biblioteca Nacional abría página en Facebook. Desconozco el procedimiento administrativo que se ha seguido para ello y, consecuentemente, los términos de servicio que se acordaron con Facebook, algo distintos a los del común usuario son, ya que no aparece publicidad en la página, pero el tema suscita interesantes cuestiones acerca del uso de los medios sociales en la nube por las AAPP y las carencias de pautas para su uso en los servicios públicos.

Comencemos por lo ya mencionado, los términos de prestación del servicio. Desconozco, como ya he indicado, si los términos acordados por la Biblioteca Nacional son o no distintos de los que se me aplican a mi. Pero pongámonos en el peor de los casos. Ello significaría que por unas horas todos los españolitos habíamos contribuido al patrimonio digital de Facebook con un conjunto de imágenes sobre el pasado de la Biblioteca Nacional, que habría obtenido unas condiciones de reutilización de la información pública sensiblemente mejores a las que nadie pudiera obtener. Curioso, ¿no? Pautas sobre que términos de servicio pueden y no pueden aceptarse a la hora de contratar los medios sociales en la nube es una primera carencia identificada.

No acaba aquí la cosa. ¿Porqué la Biblioteca Nacional usa Facebook? Alguien dirá, pues porqué es la más extendida, porqué va a ser. Ya. Pero resulta que en el sector público hay unas estrictas formalidades en la selección de proveedores, que es de suponer se han seguido a la hora de contratar el servicio. El encaje del uso medios sociales en la nube, sean de pago o gratuitos, con las leyes de contratación del sector público es otra cuestión que comienza a abrirse, y que habría que tener unas pautas precisas para no pisar en falso.

Finalmente, y aunque estoy seguro a alguien se le ocurrirán más pautas que nos faltan, retorno al tema de la publicidad dentro de los servicios públicos. Cómo ya he indicado, la página de la Biblioteca Nacional está inmaculada y sin baldón publicitario, pero echemos un vistazo al uso de Youtube del Canal MEPSYD. Por supuesto que no existe publicidad en él, pero si en búsquedas en “You Tube” derivadas de los contenidos introducidos. La misma busqueda de MEPSYD o del nombre de la Ministra hacen aparecer los vídeos del Canal MEPSYD junto con enlaces patrocinados que nada tienen que ver con las AAPP. ¿Es lícito que figure la publicidad junto con contenidos públicos?

Resolver las lagunas que existen entorno a la contratación, términos de servicio y publicidad en el uso de medios sociales en la nube por parte de las AAPP, son solo las primeras cuestiones. ¿A alguien se le ocurre alguna más?

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Hace unos días, un compañero en esto de lo público me lanzaba una mirada escéptica, por no decir que condescendiente, cuándo me refería a la posibilidad de que los ciudadanos pudieran consultar como se realizaban los gastos e inversiones derivados de los presupuestos. “A mi no me digas que no se puede …”, le dije. “No, si poderse se puede”, contestó, “pero no nos dejarán. Más vale  ni proponerlo”. No se trataba, pues, de poder ni querer, sino de mera autocensura.

La conversación venía a cuento de un artículo leido en “The Economist”, artículo que contaba como en los EEUU de América, gracias a la “Federal Funding Accountability and Transparency Act” , los ciudadanos podían consultar en línea como los poderes públicos  empleaban los fondos públicos. El ejemplo paradigmático que se daba era el “Portal de rendición de cuentas del Estado de Missouri”. No es que se pueda ver en que gastan los dolares cada departamento, es que se ve hasta lo que cobran los funcionarios con nombres y apellidos.

Afortunadamente, resulta que el compañero estaba equivocado, y lo que es posible en los EEUU de América también puede ser posible aquí. Resulta que se puede ver cómo y en qué se han repartido los 8.000 millones del Fondo de Inversión Local. O sea, que si se puede y a alguien le han dejado hacerlo. Sería bueno que eso pasará para todas las medidas del “Plan E”, saber cuál es el efecto que se prevé sobre el empleo en cada territorio como del ARRA de los EEUU, pero por algún sitio hay que empezar. La crisis está empezando a cambiar lo que se puede y no se puede hacer.

Debemos empezar a creernos que la crisis está abriendo el paso a la cultura 2.0 y realizar nuestras propuestas de servicios teniendo en cuenta el nuevo escenario. Hoy mismo lo escribe Seth Godin en su blog,

“the only thing that’s going to change things is changing things”

La autocensura es no sólo una amenaza para la transparencia del gobierno, sino para nosotros mismos, los funcionarios. He oído a muchos compañeros despotricar de cómo los Gabinetes de los cargos políticos cobran fuerza en los proyectos de Gobierno Electrónico, especialmente aquellos relacionados con medios sociales. Son muchos los funcionarios que con la autocensura, el servilismo y el ólvido del interés general nos cavamos nuestra propia fosa  y perdemos papel en el desarrollo de un Gobierno Abierto.

Por cierto, y para acabar, entre los dos senadores que propusieron (según obliga la legflidad USA) la “Federal Funding Accountability and Transparency Act” se encontraba el ya cesante representante de Illinois llamado Obama.

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El Gobierno Electrónico Inclusivo es erróneamente visto por muchos como un gasto superfluo, como un exceso ornamental del canal electrónico de relación entre ciudadanos y Administración. No creo que sea así, y trataré en esta entrada de demostrar cómo el Gobierno Electrónico Inclusivo es la puerta a la eficiencia prometida por el Gobierno Electrónico.

En todo servicio, público o privado, la búsqueda de modos más eficientes de prestación es siempre un objetivo. El análisis de cómo se atiende la demanda y establecer objetivos al respecto, suelen ser las herramientas más utilizadas para alcanzarlo. Generalmente, se deja de lado un análisis cualitativo del origen de la demanda que se satisface, lo que deja oculta la demanda por fracaso, cuya eliminación puede ser una fuente inesperada de mejora en la eficiencia para la organización.

El concepto de demanda por fracaso (failure demand) se corresponde con la originada en haber prestado de modo incorrecto el servicio original. Es una demanda que no debe producirse, que genera actividad que podría haberse evitado, que obliga a hacer un uso de recursos que podrían haberse dedicado a otros menesteres o no haberse consumido. En las AAPP, el más claro ejemplo es acudir a una ventanilla a ver “como va lo mio”  debido a que la Administración no tenga un plazo para resolver. Según algunos datos del Cabinet Office del Reino Unido,  se estima que la demanda por fracaso es la causa del 50% de las prestaciones de presenciales del servicio del sector público.

Si bien los datos de demanda por fracaso existentes son referidos al canal presencial, la disponibilidad cercana al 100%  de canal electrónico en los servicios públicos de carácter básico, debería impulsarnos a realizar un análisis sistémico de la demanda por fracaso en el sector público. La razón es sencilla, la demanda por fracaso en el servicio presencial es cada vez más un signo de fracaso en el servicio de Gobierno Electrónico, y lo será más a partir del 31/12/2009 cuando todos los servicios públicos estén disponibles electrónicamente.

Según datos del 2007 del INE, sólo el 16% de los internautas  hacen uso de los servicios transaccionales de Gobierno Electrónico. Dado que además los internautas son sólo apenas la mitad de la población, creo que se puede hablar de una falta de relación entre el esfuerzo que se está realizando por adecuarse a la Ley 11/2007 y el retorno de la inversión. Aumentar este escaso nivel de uso sólo es posible con un riguroso análisis de la demanda por fracaso que como consecuencia reciben las ventanillas presenciales y los call-center. No soy de los que crea un objetivo realizable un 100% de uso del canal electrónico,  pero si creo que se puede esperar una cuota de uso entorno al 40% de la población.

Eliminar la demanda por fracaso provocada por el Gobierno Electrónico, ha de ser, necesariamente, la nueva frontera tras el 31/12/2009. Mientras va a ser difícil que se hagan realidad las promesas de eficiencia derivadas de la aplicación de las TIC en las AAPP. Ello implicará un esfuerzo de rediseño de los servicios públicos electrónicos, tal como marca como objetivo el artículo 34 de la Ley de Acceso Electrónico de los Ciudadanos a los Servicios Públicos (LAECSP, Ley 11/2007).

Cada caso será particular y no existirán fórmulas mágicas, pero una mayor transparencia en los procedimientos que evite el continuo qué hay de lo mio, la aplicación del crowdsourcing en el diseño los servicios públicos entrando en una fase de coproducción con los ciudadanos y el acceso multicanal dónde este justificado y sea sostenible, serán técnicas comunes a aplicar. En definitiva, se trata de construir un Gobierno Electrónico Inclusivo, adecuado a las necesidades y costumbres del mayor número de ciudadanos. Difícilmente de otro modo aumentará el uso del Gobierno Electrónico y se reducirá la demanda por fracaso qué su no uso hace llegar al canal presencial.

Tras la disponibilidad del Gobierno Electrónico, habrá que avanzar hacia el Gobierno Electrónico Inclusivo como fórmula de eliminar la demanda por fracaso y, consecuentemente, alcanzar una Administración más eficiente.

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En la entrada inminentemente anterior a ésta, señalaba como muestra de la escasa creencia en las herramientas sociales de nosotros mismos, los funcionarios del Cuerpo Superior de Sistemas y Tecnologías de la Información, el anclaje en la Web 1.0 de la web de nuestra asociación.  El único resquicio a la web de lectura/escritura es el pequeño, incompleto y escondido catálogo de la blogosfera del Cuerpo.

No son muchos más las bitácoras existentes que escriben compañeros de Cuerpo, pero si las suficientes para superar a la media de personas generadoras de contenido dentro del colectivo de usuarios de la red (ver estudio de David Osimo).  Sin afán de corporativismos, vaya un listado de bitácoras (y similares) más o menos activas que hablan de Administración, TIC y TIC en la Administración escritas presuntamente por compañeros del Cuerpo. De todas he aprendido y han sido importantes para enriquecerme intelectualmente. Si alguien conoce alguna más, que la deje como comentario, supongo que a nuestra asociación le valdrá para algo. En lo referente a mí, en unos días añado una página con lo que me llegue a esta bitácora. De las que tengo conocimiento, por orden alfabético, son:

Y además de los blogs, mencionar el grupo “Funcionarios TIC” iniciado en la red social Facebook. Poca actividad e incluyendo a funcionarios de otros cuerpos, pero es de justicia nombrarlo, aunque en más de un año sólo haya conseguido reclutar  70 miembros. Resulta curioso en cambio que  dentro de redes sociales de carácter profesional, caso LinkedIn,  el grupo creado tenga apenas unos días y haya sido promovido por un compañero en excedencia.

Si bien los medios 1.0 han sido clave en la comunicación entre nosotros,  con el correo electrónico a la cabeza, es el momento de pasar página y entrar en el 2.0. Como Cuerpo parece que aún no estamos ahí.

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En una entrada anterior traté de reflexionar sobre las causas porqué la Administración no llega a evolucionar a una Administración 2.0. Un punto dónde la realidad de la falta de este paso se manifiesta está en el escaso uso interno que de las herramientas sociales hacemos en el día a día de nuestro de trabajo. Es sólo un efecto, pero del cuál también podemos extraer conclusiones interesantes.

La defensa del interés general que tiene como objetivo la Administración Pública, la hace en teoría un entorno propicio para la colaboración entre los empleados públicos. Consecuentemente, la Administración Pública podría ser un perfecto laboratorio para las herramientas sociales, alejada de las turbulencias competitivas que, especialmente en estas circunstancias de crisis, hacen temblar los cimientos de la Wikinomía. Sin embargo, esto no es así, razones para ello existen muchas. Una enumeración sucinta, reflejo de las dolencias de las instituciones burocráticas, la facilitaba el blog Caldo Casero al buscar las barreras de las Comunidades de Prácticas en la Administración:

  • Estructuras organizativas rígidas.
  • Mucha jerarquía.
  • Repartición del poder, parcelización del poder.
  • Espacios delimitados.
  • Escasa transversalidad.
  • Ambiente laboral enrarecido

Habría que añadir otra causa al menos, quizás la más importante sin la que cualquier experiencia 2.0 está llamada al fracaso: La falta de un objetivo común, de una motivación o incentivo que aporte ganancias a todos los individuos y organizaciones que desarrollan su trabajo entorno a las herramientas sociales. La búsqueda del interés general se queda en un tópico, no pasa del debate previo sobre cuál es éste. Creo que la importancia de un incentivo común como motivación resulta irrefutable a quién hemos experimentado con las herramientas sociales, aunque sea de modo aficionado. En la promoción del Cuerpo de la que soy parte hicimos varios intentos, todos fracasaron excepto uno: una wiki para aportar nuestro conocimiento de los distintos destinos de entrada que se nos ofrecían. Es un ejemplo más que autoexplicativo.

¿Pero podría cambiarse el escenario? Si, si se crea la motivación o  se cambia la cultura desde dentro.

Dado el entorno jerárquico innegable en que nos movemos la motivación sólo puede venir de un sitio, de un ejercicio del mando en apoyo activo de la creación de iniciativas de colaboración apoyadas en las herramientas sociales. Sin embargo este apoyo activo no llega, o no conozco caso en que haya llegado, dentro de la Administración,  de algún cargo político que haya dicho que el siguiente de los miles grupos de trabajo que promovemos cada mes se ha de apoyar en estas herramientas sociales a cualquier precio. ¿Porqué tarda en llegar este apoyo? Una causa es el miedo a la vida propia que se genera alrededor de las herramientas  sociales, cualquier instrumento de colaboración de igual a igual puede llegar a escaparse del control de su promotor. Especialmente en los entornos donde nos movemos, en que el día a día no permite al promotor ser el poder moderador que orienta la evolución de la experiencia.  Ligada a ese cortoplazismo de cuatro años en que nos movemos existe también la causa de la impaciencia. En la misma entrada de Caldo Casero antes referenciada daba unos plazos de cinco años para disponer de Comunidades de Prácticas optimizadas en las AAPP. No creo que los plazos para obtener resultados del uso cotidiano de las herramientas sociales en las AAPP se aleje mucho de ese tiempo. Es difícil que el apoyo político nos llegue de modo inminente para estas experiencias, al menos mientras no exista la politización del Gobierno Electrónico que propugnaba en una entrada anterior.

¿Estamos abocados a que las herramientas sociales no arraiguen en las AAPP? No, ya he mencionado antes la posibilidad (y necesidad) del cambio de cultura desde dentro, y en ese todos los que estamos en la Administración podemos ser agentes. Es más, el apoyo desde arriba puede ser condición necesaria, pero no suficiente. El mero impulso desde arriba sin cambio de cultura puede llevar a situaciones próximas al imaginario de Kafka.

Un colectivo que forzosamente ha de jugar un papel importante dentro del cambio cultural todos somos los empleados públicos más relacionados con el mundo de las TIC. Una puesta en marcha dispersa y espontánea de este tipo de herramientas en nuestros proyectos y grupos de trabajo, una autoexigencia en el uso de estas herramientas, puede tener tanto efecto de arrastre como la iniciativa política. ¿Pero creemos en el uso de este tipo de herramientas como medio de comunicación entre nosotros? La respuesta está en nuestra escasa presencia como colectivo en las redes sociales y en el escaso uso activo que hacemos de las mismas para comunicarnos entre nosotros como colectivo. Un ejemplo claro es nuestra web aún anclada en la Web 1.0 o cómo, y tal como indicaba en la experiencia propia, ni tan siquiera una promoción próxima a ser nativa digital consigue alejarse del uso del mail como medio principal de comunicación entre ella.

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Toda política pública es objeto, valga la redundancia, de la acción política. Empleo, Vivienda, Sanidad, Defensa, … Su importancia para la Sociedad queda reflejada por el hueco que tienen dentro los programas electorales, dentro de la acción política que desarrolla cada una de las distintas alternativas partidistas. Quizás hemos llegado al momento en que el Gobierno Electrónico comienza a ser objeto de una más acentuada acción política.

Apoyándome en la bitacora de Rafael Chamorro, he revisado el espacio y contenido que ocupó el Gobierno Electrónico en la última confrontación electoral de Marzo de 2008. Tanto el programa electoral del PSOE como del PP, se centraban en potenciar el Gobierno Electrónico como símbolo de eficiencia. Si bien el actual partido de la oposición desarrollaba más su propuesta, los programas electorales son perfectamente intercambiables, pocas menciones a un Gobierno Electrónico más inclusivo, ninguna a su utilización como herramienta de participación ciudadana.

La escasa importancia real del Gobierno Electrónico como política pública que le daban las dos opciones electorales mayoritarias, quedo reflejada también en el espacio dedicado en los debates televisados. Ni en el primer debate, ni en el segundo debate entre los candidatos, mereció el Gobierno Electrónico una mención. Como mucho, se atrevían a hablar (que no a debatir) de Internet y la Sociedad de la Información, que además uno de los candidatos se empeño en llamar Sociedad de la Telecomunicación.

Uno de los impactos del fenómeno Obama es que esto ya no va a poder seguir siendo así. Hace unos días dialogábamos sobre el tema con motivo de la encuesta sobre el impacto de las políticas 2.0 de Obama sobre nuestros políticos. Aunque no lo mencioné, fue un tema que salió de modo tangencial también en el evento de “Visiones del Gobierno Electrónico 2020” del que hablé hace ya unos meses. Los políticos habrán de fijar claramente que aspectos priorizarán y en que grado dentro de su política de Gobierno Electrónico:

  • Eficiencia vs Eficacia
  • Satisfacción de la presunta mayoría vs Inclusividad
  • Información vs Transparencia
  • Propaganda vs Rendición de cuentas
  • Cautividad de los Servicios vs Capacitación para el Desarrollo de Servicios

Son ingredientes que, combinados en distinta medida darán lugar a distintos escenarios presupuestarios y distintos modelos de sociedad para el siglo XXI. Son ingredientes que habrá que analizar como cada candidato pretende hacer uso de los mismos antes de decidir nuestro voto.

Estoy de acuerdo en el escepticismo frente a los políticos. Efectivamente, no son más que eso, políticos, y como dijo el viejo profesor, las promesas electorales las hacen para no cumplirlas. Pero sólo la politización del Gobierno Electrónico permite un avance real en el mismo, mediante la competencia entre las opciones ideológicas y la demanda de los ciudadanos por que las defienden sean fieles a lo que prometen. Mientras la politización del Gobierno Electrónico no se alcance, mientras no sea un campo más de la contienda electoral, significará que no importa a los ciudadanos, significará que no merece la preocupación de quién ha de ejercer el liderazgo en su implantación. Y mientrás no importe a los ciudadanos, los políticos podrán incumplir o no ser totalmente fieles a sus promesas al respecto con impunidad.

La pregunta es qué perdemos mientras la politización del Gobierno Electrónico no se produzca. Creo que la respuesta es obvia, dejaremos de avanzar hacia un Gobierno transparente, colaborativo y participativo, destino en pos del cual el Gobierno Electrónico es un compañero ineludible de camino; estará más lejos el Gobierno Abierto que el otro día recordaba Iñaki OrtizJuan Varela.

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