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Archive for 31 marzo 2009

Uno de los efectos colaterales del uso de las TIC en las AAPP es potenciar la existencia de nuevos intermediarios en la provisión de los servicios públicos. Hace ya un tiempo, hablé de los beneficios y retos que la introducción de estas figuras planteaban para las AAPP. Me pronunciaba entonces por la necesidad de algún tipo de marco uniforme, que delimite responsabilidades de los eslabones que intervienen en la provisión del servicio, sin que por ello la responsabilidad máxima deje de estar en manos de la Administración. ¿Es posible hoy día establecer la intermediación en los servicios públicos? ¿Podemos avanzar hacia un front-office de geometría variable de acuerdo a las necesidades de los ciudadanos en las condiciones actuales?

La relación entre la AAPP y un intermediario dependerá de la naturaleza del segundo, que definirá la herramienta que ha de utilizarse para establecerla. Ello también dependerá de la obligación o no que tenga la Administración de prestar un tipo de intermediación específica o que exista un colectivo específico objeto de la misma.

Un primer caso son los colectivos con necesidades específicos, a los que si bien la Administración tiene un deber moral de prestar intermediación, no realizar una intermediación ajustada a sus necesidades resulta justificable de acuerdo al principio de la proporcionalidad. Tenemos en primer lugar los intermediarios simbióticos, aquellos que tienen algún tipo de interés no lucrativo en hacer llegar los servicios públicos a un colectivo, que permiten establecer una relación no basada (estrictamente) en el factor económico. A través de fórmulas no formales puede involucrárseles en el diseño del servicio y el canal de prestación, estableciéndose generalmente un convenio con el intermediario para definir una relación en que se identifican los mecanismos para hacer llegar de modo más efectivo el servicio al colectivo. El ejemplo más claro son las experiencias de hacer llegar los servicios a colectivos en riesgos de exclusión dentro de su propio entorno por ONGs.

Identificar un intermediario del tipo anterior resulta en ocasiones complejo, o si no existe un colectivo preciso imposible. En los casos que el valor público lo justifica, la Administración está sin embargo obligada a prestar la intermediación pero le resulta imposible realizarla por sus medios. Ha de recurrirse a la externalización de la intermediación, recurriendo a algún tipo de contratación recogido en la Ley de Contratos del Sector Público (LCSP, Ley 30/2007). Los modelos son variados, aunque con distintos condicionantes los que más se ajustarían serían “Contrato de gestión de servicios públicos” (Art.8) o “Contratos de colaboración entre el sector público y el sector privado” (Art. 11). La Administración realizaría el diseño del servicio sin contar con el intermediario, que sería un mero ejecutor del mismo. La cobertura de oficinas generalistas de atención al ciudadano en áreas rurales dónde la Administración no está presente sería un ejemplo.

Finalmente, la intermediación como negocio surge de modo autónomo a la Administración. Por razones de especialización o conveniencia, existen las condiciones para hacer del acceso directo al servicio un negocio, que es aprovechado por un tercero. La Administración puede ser totalmente neutral o establecer algún tipo de normativa legal o código ético que perfile la acción del intermediario. La presentación de la renta por los bancos en lugar de los interesados o el vergonzoso caso que comentaba Morgana de la relización para otros de citas previas de atención a emigrantes, son ejemplos claros de este tipo de intermediación.

Transversalmente a estos tres tipos de intermediación, la Ley de Acceso Electrónico de los Ciudadanos a los Servicios Públicos (LAECSP, Ley 11/2007), nos proporciona la herramienta del apoderamiento electrónico (artículos 22 y 23). El apoderamiento en los trámites electrónicos con la Administración promete ser un elemento básico en la construcción del front-office de geometría variable, y, por lo pronto, ha merecido un amplio espacio en el proyecto de reglamento de desarrollo de la ley.

El cambio de la relación entre ciudadano y Administración, la transformación, empezó con el Gobierno Electrónico. Sin embargo, el Gobierno Electrónico por si sólo ha sido incapaz de hacer llegar los servicios de modo efectivo a todos. El front-office de geometría variable, la definitiva perdida del monopolio de la ventanilla por el funcionario público, es el siguiente, y mas definitivo, paso hacia la Transformación de las AAPP.

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Debía ser hace ya cosa de más de un mes, cuando hice un ejercicio de autocrítica del cuerpo funcionarial al que pertenezco en lo referente al escaso uso que hacemos de los medios sociales para establecer más diálogos y procesos de colaboración informales entre nosotros. El ejemplo paradigmático es la web de nuestra asociación, que hay sigue en las mismas (lamentables) condiciones y con el mismo grado de (baja) incitación a su uso.

Hice en aquella entrada ejemplos de usos de los medios sociales que han surgido de modo espontáneo, de iniciativas particulares de compañeros y que he registrado en una de las páginas de este blog. La verdad es que entonces no hice ninguna mención a iniciativas alrededor de twitter, primero porque las desconocía, segundo porque era un fenómeno que por entonces me parecía marginal, inútil y de exclusivo uso por parte de exhibicionistas. No ha sido hasta que leí una reciente entrada del blog de Enrique Dans que comprendí el fenómeno twitter y traté de pensar en utilidades para el mismo. Iniciaba Enrique en esa entrada un diálogo alrededor del concepto de “ambient intimacy”.

Aunque la entrada de referida más arriba me hizo empezar a pensar alrededor del tema, no sería sino tirando del hilo cuando llegué a comprender la verdadera dimensión e importancia del “ambient intimacy” como palanca de innovación en un colectivo. En la entrada de otro blog refiriéndose al tema encontré el siguiente texto:

“Has any one heard of this being used in a corporate environment? it seems that it could have great power in raising the awareness of others within an organization. Awareness of what others are working on can create opportunities for learning, collaboration, and innovation; ultimately leading to new product development and great ideas.”

En muchas ocasiones, se nos llena la boca a los miembros del cuerpo de funcionarios al que pertenezco de decir que somos la fuerza de innovación y transformación de la Administración. Lo que parece claro, es que ,dentro del mundo colaborativo al que nos encaminamos, dicha afirmación es cuando menos arriesgada sino existe el conocimiento ambiental del trabajo que realizamos como colectivo que lleve a una puesta en común continua de conocimiento.

Aquí es dónde entra en juego twitter como facilitador del conocimiento ambiental. Y así fue como se llega a su potencial como canal de broadcast de ideas y brainstorming continuo. Ahí ando ahora, tratando de convencer de las bondades de su uso para ciertos proyectos. Otra día hablaré de ellos.

Pero el movimiento, se demuestra andando, así que vamos a ampliar el ecosistema de este blog con un canal de brainstorming,  destinado a lo miembros del cuerpo y a todos los sospechosos habituales que también circulan por la blogosfera pública. Que cada cuál lance las ideas , preocupaciones y ocupaciones que tenga y crea oportunas en él, ya habrá quien las recoja. Las ideas estarán visibles en este blog haciendo uso de las nuevas funcionalidades de wordpress para incluir twitteos, por el momento sólo están visibles las pruebas de Gabi y mias para ponerlo a punto.

El canal se llama, brainstorming-e, y lo hemos construido haciendo uso de grouptweet. Para unirse a este canal y participar en la tomenta de ideas hay que seguir los siguientes pasos:

  1. Crearse un usuario twitter
  2. Ir a http://twitter.com/brainstorming_e y pulsar al botón “follow”
  3. Esperar a que el administrador del canal se haga seguidor vuestro y que os mande un “Direct Message” de bienvenida
  4. Mirar en el buzón de “Direct Messages”, y dar al botón de reply (una especie de sobre con una flechita a la derecha del mensaje)

A partir de ese momento, cualquier “Direct Message” (DM) que envieis al canal brainstorming_e será recibido por todos los integrantes del canal. Para enviar un DM se puede hacer de dos modos:

  • al entrar en twitter en la caja de “What are you doing?” introducir un mensaje en la forma “d brainstorming_e …..”
  • ir al buzón de Direct Messages en la caja de “send” seleccionar al destinatario “brainstorming_e” e introducir el texto del mensaje

Pues ya sólo queda empezar a usarlo, para contar lo que se quiera y pueda en 140 carácteres. Un canal para lanzar ideas, para quienes sean del cuerpo y para los que quieran que les escuchemos. Lo ideal es que lo hiciera nuestra asociación, mientras que ASTIC no haga, iniciemos el diálogo en otros frentes y de modo más abierto. Hay que intentarlo.

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Rosa, Andrés te debía un post de un diálogo anterior. No sé si esto era lo que esperabas, pero a ver si le das por saldada la deuda, aunque sea de modo colectivo como blog. Por lo pronto, abrimos con la entrada la saga de personajes con los que nos encontramos en el día a día.

El CINE, con mayúsculas, y aún visto en casa en formato divx, es una de mis pasiones. Y entre mis personajes favoritos figura Norma Desmond. Así, a bote pronto, quizás haya muchos que no sepan de quien hablo, es ese entrañable personaje de la actriz que se resiste a caer en el ólvido de la película “Sunset Boulevard” (“El crepúsculo de los Dioses”). Lo que jamás supuse, es que llegaría a conocerla personalmente. En realidad, son más de una las Norma Desmond con las que me he encontrado en estos meses en la Administración General del Estado.

Norma Desmond está presente en todas partes. Norma te recuerda continuamente, en todas y cada una de sus encarnaciones, que ella no está allí para hacer nada en especial, sino simplemente porqué se lo merece. La realidad puede cambiar a su alrededor, pero sino le pide permiso para ello el cambio no ha existido, y si ha existido peor para él. Y esa es su segunda característica, su inercia a seguir haciendo lo que siempre ha hecho, no importa que nadie se lo pida o que de órdenes o entregue resultados a una silla vacía. Norma siempre ha hecho eso y lo seguirá haciendo en un bucle infinito.

Lo triste, no es que Norma sea uno de esos muchos compañeros que van todos los días al pupitre a leer la prensa. Lo triste, es que me cuentan que Norma es también el nombre de muchos de nuestros líderes pasados, presentes y futuros. Los primeros, porque unos días pasaron unas pruebas selectivas; los segundos, porque un día gano su partido. No esperes de ninguna de ellas más que el continuo recuerdo de lo mucho que merecen estar en su sitio. Tan sólo traerla de nuevos los focos podría sacar algo de valor de ella. Eso nos costaría demasiado como para que valiera la pena, así que, al final, decidimos dejar a Norma sentada en su rincón hablando con sus recuerdos.

Gracias a Dios, el número de Norma Desmond no es tan elevado como pareciera, pero se hace notar, y dan lugar a generalizaciones de carácter lamentable tal y como Andrés denunció hace unos días.

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Me pilló trasmano el interesante diálogo sobre la revolución dospuntocerista en las AAPP de K-Goverment. Toda una demostración del poder de convocatoria de uno de los sitios de Internet más inteligentes que conozco y que más han cambiado mi vida. Y no lo digo por hacer la pelota a Carlos Guadián, sino porque de su mano entre en contacto con este diálogo continuo que es la blogosfera pública.

Y me pilló a trasmano, porque andaba enfrascado en otra lectura interesante, los primeros capítulos de “Here comes everybody”, escrito por Clay Shirk. El libro, por lo que llevo, es superior a la hora de explicar la revolución 2.0 de la sociedad que “Wikinomics”.

Andaba, concretamente, enfrascado en el tercero de los capítulos en que analiza como los medios de comunicación andan perdidos en toda esta revolución, desde los periódicos a las discográficas. ¿Somos las Administraciones otros naufragos del 2.0? Pues tenemos bastantes papeletas para llegar a serlo si seguimos el razonamiento del autor.

El autor, achaca la causa del naufragio 2.0 de periódicos y discográficas en que no supieron entender que alguien que producía de modo no profesional lo que ellos hacían de modo profesional pudiese cambiar su existencia. ¿No nos está pasando eso ya? Hay tenemos los foros de participación dónde los ciudadanos opinan, a nuestras espaldas, de los proyectos de la Administración ante la rigidez de los cauces de diálogos que proporcionamos. Hay tenemos los colectivo sociales que (en otros países) dan servicio de cara al cliente como canal alternativo a las Oficinas de Atención al ciudadano.

Las profesiones, y ser funcionario es una profesión, sólo tienen sentido en la medida que son capaces de resolver un problema. Si el problema que tenemos que resolver es prestar servicios a los ciudadanos habiendo escuchado los problemas que nos plantean, y dejamos de resolverlo, estamos abocados al fin. Podremos convertirnos en los próximos naufragos del 2.0.

Los medios sociales 2.0 pueden ser una herramienta que nos ayude a hacer realidad el diálogo continuo con el ciudadano, estar más cerca de sus inquietudes. Pero la herramienta no estará presta a que la cojamos por siempre, y si nosotros no lo hacemos, otros lo harán y quedaremos condenados al basurero de la historia, que decía el filósofo. Y si no nos lo creemos, es que no hemos aprendido de lo que les pasó a las discográficas por no querer hacer uso de Internet como medio de distribución.

Salvémonos el naufragio y encaminémonos a por los salvavidas.

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A través de una página de la dirección Internet del Ministerio de Administraciones Públicasse ha  abierto a información pública el reglamento que desarrolla parcialmente la Ley de Acceso Electrónico de los Ciudadanos a los Servicios Públicos (LAECSP, Ley 11/2007). Ha sido más de año y medio de espera, y lo primero que llama la atención es su carácter parcial, que remite a los futuros Esquemas Nacionales de Interoperabilidad y Seguridad (ENIS) ciertos aspectos de su ejecución.

El proyecto de reglamento tiene aspectos positivos, algunos altamente valorables. Entre los detalles más avanzados del reglamento, me quedo con los siguientes:

  • Acotar el tiempo en que la Administración General del Estado tiene que responder al ejercicio del derecho de no aportar documentos que crea en posesión de la Administración (Artículo 2). Un punto que permitirá acabar con la muerte por desidia que el ejercicio de este derecho sufre ahora.
  • Abrir el Portal 060 para que pueda incluir servicios e información del sector privado (Artículo 9.4). Este punto importante de cara a extender el front-office de la Administración al tercer sector.
  • Regular la representación para intervenir en procesos administrativos (Artículos 13 a 16), que es una pieza clave también en el uso de la intermediación para el incremento de la efectividad de los servicios.

La creación del Registro Electrónico Común como vía de hacer llegar cualquier escrito por medios electrónicos, o estipular el uso del dominio “gob.es” para las sedes electrónicas, son otras dos medidas del proyecto de reglamento a destacar.

Pero si el reglamento, salvo la excesiva descarga que realiza sobre los ENIS, es un avance digno de elogio (aunque algo tardío), nos pierde de nuevo las formas. Mantener como medio para realizar las observaciones al proyecto de reglamento una dirección de correo electrónico es, cuando menos, un mal uso de los recursos ya existentes para hacer el proceso de participación más abierto. Al menos, podía haberse  hecho a través de los foros de la zona de participación del 060, permitiendo de este modo un diálogo más enriquecedor de cara a introducir mejoras dentro de la norma.

Bien pensado, tampoco puede extrañarnos. ¿La participación ciudadana por medios electrónicos será objeto de la parcialidad no desarrollada en este reglamento?

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El fin de semana pasado, como todo previo a una contienda electoral, ha sido prolijo en el desarrollo de una imagen por parte del Gobierno de turno. En estos tiempos de crisis, la mejor imagen es la de un Gobierno austero, y en ello se han esforzado martilleando mensajes sobre el yunque de una Administración con menores costes. Algunas de ellas, derivarán en menores costes, ciertamente, pero a riesgo de una parálisis de la Administración y ineficiencias en otras áreas.

En primer lugar, y acompañando a la esperada OEP (Oferta de Empleo Público) 2009, el Consejo de Ministros tomo un “Acuerdo para la eficiencia en el gasto de personal”. Bajo tan pomposo nombre, no se esconde más que una reducción del margen de vacantes en las RPTs a un máximo del 8%. Ello conllevará un reducción de costes, ya que las vacantes están dotadas presupuestariamente, pero acabará con uno de los pocos mecanismos que permiten movilidad y flexibilidad en la distribución de recursos humanos dentro de las AAPP. Si no se acompaña esta medida, que no parece, de medidas para facilitar la redistribución de efectivos (forzosa, si es necesario) en los servicios que se necesita, la reducción del margen de vacantes de las RPTs provocará, en primer lugar, recurso ociosos junto a otros sobresaturados, y, en segundo lugar, que futuras OEP contengan crecimientos de personal innecesarios.

También se anuncia una contención de gastos en todos los departamentos ministeriales. Entre las medidas, se proclama la transversal reducción en gastos de viaje. Son de las medidas que sin duda suenan muy popular, pero que aplicadas en grano gordo, y nuestros responsables políticos tienden más al cuchillo que al bisturí, puede tener efectos impredecibles. La Administración General del Estado es una Administración de marcado carácter relacional, bisagra entre la supranacionalidad europea y la territorialidad autonómica, en la que el “traslado que se hace de una parte a otra por aire, mar o tierra” es una herramienta imprescindible de trabajo en algunos departamentos. El corte radical de las partidas de viajes provocará una parada radical en estas actividades de vertebración administrativa.

Para el final, he dejado otra medida, esta vez lanzada como globo sonda, que es la congelación selectiva del sueldo de los funcionarios. Por supuesto, la parte seleccionado sería la de los cuerpos superiores de funcionarios. Dejando a un lado los trucos por los que dicha congelación puede ser cortacircuitada para aquellos que se desee, aquellos responsables de dirigir la actividad Administrativa se sentirían lógicamente discriminados salarialmente frente a aquellos quienes dirigen. Creo que el corolario es fácilmente previsible, menos entusiamo y dedicación, más dejar para mañana asuntos. De acuerdo que la congelación son esas cosas que nos pueden pasar estando en esto de lo público, pero si nos pasa ha de pasarnos a todos.

Confiemos en que el menos común de los sentidos sea utilizado a la hora de aplicar estas medidas, y que no sea peor el remedio que la enfermedad.

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El fin de semana pasada, hubo quien desde un periódico habló del exceso de funcionarios de este país. Cierto que hay quien abusa de su posición de funcionario, pero que siempre arrecien las críticas cuando las situaciones económicas se tuercen, no deja de ser curioso. Suena al quitate tu que lo hago yo. Por un módico precio eso sí. Suena a ver como me dan un negocio ahora que se me ha acabado el que antes hacia. No voy a caer en la generalización de decir que la clase empresarial de este país sólo sabe vivir del negocio subvencionado, porque no es así y me pondría a la altura de quienes lanzan descalificaciones de los colectivos.

Daba vueltas a escribir algo sobre el tema, pero no merece la pena inventar cuando uno recibe un escrito perfecto. A continuación, el texto del artículo publicado por César Gavela en La Vanguardía de Valencia el 8/2/2009 y que me ha pasado un compañero. Creo que sería bueno difundirlo en toda la blogosfera pública.


Siempre que azota la crisis económica, siempre que los muy ricos empiezan a ganar menos dinero que antes, aparece un grupo de señores de mando o de muy alta obediencia que arremeten contra los empleados públicos.

El discurso es el mismo: sobran funcionarios. Y de ahí hay sólo un paso para considerar no productiva la función pública. Cuando no parasitaria, decimonónica, ridícula, ineficaz. Los funcionarios se convierten en carne de cañón en el discurso neoliberal, tan desprestigiado él (y para siempre, sospecho, tras la actual catástrofe financiera universal). Los funcionarios pasan a ser, además, muy privilegiados: personas que tienen un puesto de trabajo fijo. “Menuda suerte” dicen por ahí tantos de los que ganan mucho más que los funcionarios y que, muy probablemente, tributan menos a Hacienda que ellos. Porque los empleados públicos tienen hasta su último céntimo controlado por el Fisco, lo que está muy bien, sin duda; es algo democrático y deseable. Pero igualmente lo sería que tantos ciudadanos que saben mucho de dinero negro pagaran hasta el último céntimo de los euros que ingresan. Para que todos, efectivamente, pagáramos menos. O lo mismo, y entonces habría más dinero en poder del Estado, y menos nervios ahora que todo parece que se derrumba.

Cuentan esas gentes del poder económico -y muchas otras a pie de calle-, que sobran funcionarios. Pero no sobran. Y unos y otros dicen “funcionarios” en tono despectivo. Porque la palabra es algo tristona, sí. Pero olvidan que en esos tres millones de empleados públicos que dicen que hay en España, el 90% son médicos, enfermeros, maestros, profesores, bomberos, policías, militares, guardias civiles, auxiliares de clínica, carteros,ordenanzas… ¿Sobran muchas de estas personas? ¿Quién es el descerebrado que lo sostiene? Porque sucede justo lo contrario: hacen falta más empleados públicos. Entre otras razones porque España ha aumentado en cinco millones de habitantes en lo que va de milenio, y eso implica un 12% más de carga en la labor que el sector sanitario, docente y de los servicios sociales públicos llevan a cabo.

Faltan funcionarios: su número no ha crecido en esa proporción tan intensa. Y el que no se lo crea, que compare la ratio de funcionario por habitante de España con la de Francia y muchos otros países europeos. Sólo en los estados más pobres del continente, el porcentaje de empleados públicos es menor. Cuanto más rica, justa y democrática es una sociedad, más funcionarios tiene. Porque más protagonismo adquiere la acción pública. La del Estado, que tanto nos conviene a todos. El benemérito Estado, que tanto aborrecían los liberales que han arruinado el mundo, y en cuya solidez se amparan ahora. El Estado, que en España conforman la Administración Central, la Autonómica y la Local. Tan Estado es el ayuntamiento de Chiva como el ministerio de Defensa o la lehendakaritza.

Pero los necios no quieren entender esas razones. Y hasta se atreven a ofrecer estadísticas que muestran que cuando murió Franco, en aquella oscura España clasista y liberticida, había muchos menos funcionarios que ahora. ¿Pero qué servicios médicos había entonces, qué docencia pública, qué hospitales? Los había, e iban mejorando; pero compararlos con la actual red de asistencia pública es una broma. Y para atender esa demanda creciente de los ciudadanos hacen falta muchos funcionarios. Muchos médicos, muchos maestros, sí. Pero también hacen falta esos empleados que tramitan expedientes. Que gestionan la Hacienda Pública o la Seguridad Social, que tan notablemente funcionan, por cierto. Personas que han ganado su plaza estudiando, esforzándose. Ellos no han alcanzado esa condición con la facilidad con la que otros se han podido colocar en las empresas, en los negocios familiares. No han tenido esa oportunidad. O han preferido la independencia y la seguridad que la función pública favorece. Los funcionarios no buscan una vida de grandes lujos y emociones. Están en su derecho. Ellos viven de sueldos reglamentados, que llevan veinte años perdiendo poder adquisitivo. Como si tuvieran que pagar un precio adicional por la gran prerrogativa de ser fijos.

La función pública está abierta a los ciudadanos. El acceso es libre, las pruebas se basan en la igualdad, el mérito y la capacidad. Ciertamente, todas esas personas que ganan tanto dinero cuando la economía va bien, podrían optar por la función pública. Pero no lo hacen. Ellos prefieren las mieles, medios y posibilidades del ámbito privado, y es una gran decisión. Pero si ahora las cosas les van mal, y ojalá que dure poco esta catástrofe, no deben descargar su estrés y sus impagos contra quienes sostienen el día a día de un estado democrático y social de derecho que no deja de asumir servicios y de mejorar sus prestaciones.

Los empleados públicos, por lo general, no quieren ser empleados privados; y tienen todo su derecho. Porque es muy legítimo y honorable ganarse la vida defendiendo los intereses de todos.


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